domingo, 17 de noviembre de 2013

Prólogo

El frío se adentra ya en cada recoveco, adueñándose de cada milímetro que encuentra a su paso, impregnando de sí mismo todo cuanto recorre. A veces ni siquiera la más gruesa de las prendas resguarda del beso del Invierno, un otoño que se tambalea ante la evidencia de que su momento debe terminar.

En esos momentos, puede encontrarse en el hogar un refugio seguro, donde una taza de leche con colacao se convierte en bálsamo, una ducha otorga a su beneficiario una sensación de total renovación que seda la conciencia y permite disfrutar de un descanso reparador. Sin embargo, no es sólo el hogar cotidiano el fuerte en el cual refugiarse de la tormenta...hay más lugares.

Y cada uno hace el suyo. Hay quien lo erige sólo, fortificando con su personalidad y su esfuerzo una estructura interna que le permite estar a salvo en esos días de soledad fría,donde la lluvia del alma es difícil de detener. Pero también puede anexionarse al de otra persona, a quien le abrimos las puertas de nuestra casa, invitándola a que tome asiento frente a la chimenea y se tome una taza de colacao caliente a nuestro lado.

Hace mucho tiempo comenzamos a unir nuestros hogares, levantando uno sólo donde resguardarnos cada día, retornando siempre, y observando como las llamas del tiempo despiden una humareda de sentimientos y vivencias que se disuelven en el viento, dejando rastro a su paso, siendo imposible, e innecesario, olvidar.

Por eso, quiero recordarte que siempre que quieras, puedes sentarte conmigo a charlar mientras nos tomamos ese batido caliente, sin importar que fuera la lluvia golpee los cristales.

B612