lunes, 27 de mayo de 2013

Puré de Reflexiones

Esta mañana el cielo ha amanecido espeso. Tanto que su color gris ceniza parecía un panel opaco, donde el sol era incapaz de atravesar con sus rayos esa armadura de plomo. Sin embargo, un calor de incierto, un agobio de agosto, un verano anticipado y madrugador llamaba a la ventana. Hay días mejores que otros. Es evidente que algunas mañanas son mas esperanzadoras que otras, que no siempre poner el pie descalzo sobre el suelo cuando uno salta de la cama es una sensación de placer. Esta mañana, creo, mis endorfinas han fichado por otra empresa, o a lo mejor el cansancio me lanzó una OPA hostil. Quizás aquí, en el sótano donde los libros imponen su ley, rodeado de miles de palabras, ideas y pensamientos, trato de ver la luz a pesar de ese cielo de hormigón. En ocasiones hay que guardar las formas, sujetar la compostura y evitar que la perspectiva negativa de lo que pueda pasar impida seguir caminando con paso firme. Esta mañana, decía, el cielo era tan sólido como si hubiera intercambiado su posición con el asfalto. Prefiero verlo así, porque al menos pienso que puedo caminar sobre las nubes, que el arcoiris es una señal de alegría. Esta mañana, gris. Y mañana... Mañana más. Mejor.Azul.