jueves, 17 de mayo de 2012

17 veces 17

Podría empezar estas líneas sobre la cuestión metafísica de los sentimientos. Podría empezar,en realidad,de muchas maneras. A lo mejor no de todas las posibles,porque aunque puedo contradecirme una y mil veces, o diecisiete más,prefiero ser más cristalino. También podría hablar de aquel 17. Y es que hay veces que uno vive por inercia,saboreando los buenos momentos sin querer,como quien degusta un café sin compañía. Y de repente, sin sentido aparente, alguien se sienta frente a uno y pide lo mismo,su cuchara tintinea en la taza,y mientras la espuma se amontona en el labio superior,el observador siente la necesidad de repasar esa suavidad con los labios propios. Quizás puedo recordar otro día similar. Un día de esos que suenan a reencuentros,a resurgir de cenizas. Una de estas veces en las que se desafía cualquier avatar del destino. Un día de esos en los que,frente al tapete,no te importa que salga en la mesa un as o un dos,porque confías en tus cartas, y a su vez, en los naipes de tu pareja. A fin de cuentas,el agua ha de llevar hidrógeno y oxígeno, en su justa medida,si no puede ser otra cosa,pero no agua. O incluso no se...otro día de misma matrícula pero mas invernal, donde uno se da cuenta de que ahí empezó todo.Cuando al mirar para atrás te das cuenta de que quieres seguir sumando, restar o dividir es innecesario. Multiplicar se puede seguir aprendiendo,pero restar y dividir lo guardamos para debilitar a los malos momentos y reducirlos a experiencias útiles, a maestros de los que aprender,recordando su lección, pero sin darle mayor autoridad. En fin,se puede empezar de muchas formas. Acabarlo,sólo de una.¿O hay más?No sé. Quizás 17.