miércoles, 17 de junio de 2009

principio de la historia

Aquella noche, la lluvia besaba el suelo. Unos suaves riachuelos recorrían incesantemente el asfalto, dejando en las zonas mas hondas charcos, como sello de su estancia nocturna. A pesar de la luz de las farolas, se sentía envuelto en una terrible oscuridad. “¿Cómo voy a hacerlo?” Era la pregunta que acaparaba toda su capacidad mental. Sus botas reventaban el reflejo que los charcos de agua mostraban a su paso. La brisa despeinaba su melena negra, cuya parte delantera pasaba de refilón por unos ojos oscuros, penetrantes. Caminaba hacia un destino concreto, sin vagar, y a pesar de no ser demasiado corpulento, no le intimidaba atravesar los fríos callejones que habían de llevarle a ese bar.

Cuando llegó, el rock de los 80 inundó sus tímpanos de estrofas desconocidas para él. Pero lo que sí le era conocido era el rostro de su presa. Se acercó a la barra, pidió una cerveza, y se acomodó. Sus pantalones vaqueros, húmedos, le hacían sentir incómodo. Por suerte, la chupa de cuero había mantenido seca su camiseta blanca, que realzaba el color moreno de su piel.

Pasaron dos horas, quizás más. Por fin, cuando se empezaba a plantear abandonar el lugar y alegar que su objetivo no se había presentado, este se levantó de su taburete, pagó su whisky, y se encaminó a la puerta. El cazador dejó transcurrir unos minutos, fingió que le llamaban al móvil, pagó a toda prisa, y salió tras el individuo, aquel cuyo acreedor le había obligado a matar.

No prolongó la agonía. Lo siguió hasta el portal de su casa, y antes de mediar palabra, sacó su pistola, y le disparó. El pulso le temblaba, pero si algo le había enseñado la vida, era que el poder es el peso que inclina la balanza en unos o en otros, y en su caso, desfavorecido, las deudas se acataban, no se discutían. Cuando la víctima cayó al suelo, mientras su sangre se diluía con el torrente de agua que iba a morir a la alcantarilla, el asesino novato caminó con una tranquilidad pasmosa de vuelta hacia su hogar. Su deuda estaba saldada, la historia acababa de comenzar…

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